KEILA TORRES LARSEN: SEÑOR, TU NOS HAS SIDO REFUGIO

KEILA TORRES LARSEN: SEÑOR, TU NOS HAS SIDO REFUGIO

Este verso fue lo primero que se me vino a la mente cuando me pidieron escribir este artículo porque ha sido una realidad en nuestra familia y yo pienso que en la Iglesia también.

Me han pedido que hable de las cosas que Dios ha hecho en mi vida y creo que no alcanzaría a describirlo en tan pocas palabras porque la verdad es que toda mi vida ha sido un milagro de Dios. Puedo empezar por decir que el hecho de haber nacido fue un milagro, a mi madre la diagnosticaron con placenta previa, pero el Señor tuvo a bien darme vida. Tuve mi primer encuentro con Dios cuando era muy niña, a la edad de cinco años después de haber perdido a mi madre, aunque lo recuerdo como si hubiera sido ayer, pase al altar y por primera vez sentí que Dios era real. Muchos dirán que era muy pequeña, pero desde ese momento en adelante Dios me ha llevado de la mano (aun cuando a veces no me he querido dejar guiar).

Crecí viendo las maravillas de Dios, escuchando su Palabra. Mi padre usaba cada oportunidad, cada problema en el colegio o en la casa, cada error que cometíamos, como una oportunidad para enseñarnos de Dios, su púlpito en nuestro hogar fue el mecedor que teníamos en el patio. Pero lo que más recuerdo es la pasión que él tenía por alcanzar a la niñez y la juventud (pasión que nos contagió a nosotras: sus hijas). Él siempre ha predicado un evangelio sencillo, que hasta los niños más pequeños pueden entender. Siempre enfatizó que nuestra vida cristiana era nuestra decisión personal y privada con Dios, nunca recuerdo que me haya obligado a ir a culto o a orar, aunque cuando me veía yendo por el camino equivocado se me aceraba a aconsejarme, nunca de una manera forzada, siempre usando lógica y claro la sabiduría de Dios.

A la edad de 24 años el Señor me dio la oportunidad de venir a vivir al Canadá. Aquí empecé una nueva etapa de mi vida con mi esposo Juan Carlos Reyes, y nos regaló dos bendiciones y milagros muy grandes, Amy y Johan. Yo siempre he sido muy tímida (aunque no lo crean) sobre todo para enfrentar situaciones nuevas, pero el Señor me trajo a este lugar a trabajar y otra cosa que mi padre me enseñó es que a Dios no se le dice que no. Cuando llegué a la ciudad de Toronto, la obra estaba empezando y se necesitaban maestros de escuela dominical. Para ser honesta yo nunca me imaginé siendo maestra, no porque no me gustara, sino porque pensaba que era una responsabilidad muy grande para la que yo no estaba preparada. Pero a eso me llamó el Señor y ahí aprendí que no es por lo que uno sabe sino lo que el Señor hace con uno siempre y cuando uno esté dispuesto.

En el año 2012 a mi hijo Johan lo diagnosticaron con autismo severo, Johan solo tenía dos años de edad y no nos dieron muchas posibilidades de que él se desarrollara para ser una persona independiente. A esa edad Johan no había dicho su primera palabra y la verdad es que el doctor no fue muy específico, lo único que nos dijo como para darnos esperanza era que teníamos que ver como se seguía desarrollando por su corta edad. Estábamos preocupados porque Johan en su frustración, no sabiendo cómo expresar sus sentimientos se maltrataba el mismo. El gobierno de Canadá ofrece muchos servicios y ayudaron un poco, pero cuando se solucionaba por un lado algo salía por otro. En un ayuno un sábado, precisamente dirigido por la Escuela Dominical, el Señor puso en mi corazón orar por él. Esa noche en nuestra rutina de ir a la cama, nosotros siempre oramos y el Señor me recordó, ese día le pedí a Amy que me dejara orar con él a solas, sin ni siquiera saber que decir empecé a orar. Las únicas palabras que me salieron fueron “Señor abre su boca”.

Esa semana estábamos aprendiendo el versículo “Jehová es mi pastor, nada me faltara”, cuando les dije que repitieran “The Lord” (en inglés) el repitió junto con mi hija. En ese momento tuve que contener las lágrimas y seguir, el también siguió. Esa noche ha sido uno de los milagros más grandes para mí. Esa noche el Señor no solo empezó una obra en Johan, que ha continuado hasta el día de hoy, sino que también sanó mi corazón de una angustia que estaba creciendo en mí, me devolvió la paz y afianzó mi fe aún más. Johan ahora habla (aunque no es su actividad favorita), está en un colegio regular, participa en la escuela dominical y hasta se le ha dado por cantar.

Yo vivo agradecida con Dios porque a Él le debo mi vida, lo que soy y lo que tengo. Yo sé que suena a frase de cajón, algo que la gente dice todo el tiempo, pero es cierto. Mi esposo y yo le hemos entregado nuestra vida a Dios, para servirle en lo que Él nos pida y Dios nos ha bendecido sin medida. Le doy gracias a Dios por los padres que me dio, por su ejemplo de entrega y pasión por la obra de Dios. Le doy gracias a Dios por mi esposo, un hombre muy especial y servicial que ama al Señor y le doy gracias a Dios por mis dos hijos en los que veo su amor y fidelidad cada día.

Yo no soy muy dada a decirle a la gente qué hacer o como vivir su vida, pero les puedo decir esto desde lo más profundo de mi corazón. Nuestro Dios no es cualquier Dios, el mundo puede ofrecer cosas llamativas, pero son espejismos, si tú quieres vivir una vida feliz, libre de resentimientos, de arrepentimientos, una vida plena, entrégasela al Señor. Tú piensas que no puedes, que tú no eres suficiente, que en ti no hay nada especial, que es muy difícil; yo te digo que no fijes tu mirada en ti, déjaselo a Dios. Él no solo transforma vidas, Él te llena el corazón para que no haya vacíos y no te haga falta nada, Él toma lo que nadie cree que sirve y lo hace un instrumento útil y valioso en sus manos, tu solo  tienes que dejar que lo haga y si no sabes cómo pregúntale, Dios es el mejor maestro que existe.

Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. Salmo 90:1

 

Keila Torres Larsen